Hoy el periódico más joven, moderno y revolucionario de toda la prensa española, La Vanguardia, ha publicado una entrevista con dos auténticos gigantes del humor de este país, Bertín Osborne (el primo maléfico de Ozzy) y Arévalo.

Esta entrevista se ha hecho viral en minutos, gracias al buen hacer del entrevistador que ha seleccionado como titular la frase más jugosa de toda la charla.

En España ya no se pueden hacer chistes de mariquitas

Con un titular así, es prácticamente imposible resistirse a leer, ¿verdad? Es una entrevista que se asegura ofender a todo el mundo, ya sean mariquitas o señores que se molestan por no poder hacer ya chistes de mariquitas.

Y cuando decides leer la entrevista, no te encuentras con unos genios del humor incomprendidos que solo pretenden llevar su arte y sus risas al público. No. Solo encuentras a dos personas en plena decadencia, dos señores que creen que pueden seguir haciendo gracia con chistes pensados por y para gente ya muerta o moribunda. Son personas que fueron consideradas geniales en su tiempo, pero que se muestran completamente incapaces de adaptarse a la nueva realidad social del país. Gente que intenta seguir ganándose la vida como ha hecho siempre, con bastante poco acierto. Gente que, cual aguador en una ciudad con agua corriente, ha perdido su sitio y su lugar.

En mi infancia escuché muchos chistes de gente como Arévalo. Chistes que basaban su humor en la ridiculización de un colectivo u otro. Chistes que, sin el detallito de esto es un mariquita gangoso tenían exactamente la misma gracia que Chiquito sin usar la palabra fistro.

Y justo ahí está el problema. No es que hoy en día no se puedan hacer chistes de mariquitas, no. Se pueden hacer chistes sobre maricas, sobre bolleras, sobre víctimas de atentados y sobre cualquier cosa que exista sobre la faz de la tierra. Pero, para que sean considerados chistes, tienen que hacer reír.

Soy consciente de que Arévalo y Bertín siguen cosechando risas y aplausos en sus giras a lo largo del territorio nacional. Pero, ¿son ellos conscientes de por qué las siguen cosechando? ¿Saben acaso que su público es un público envejecido, con sensibilidades y humores de los años cuarenta? ¿Saben qué no pueden aspirar a lo mismo en un puñetero programa televisado?

No creo en los límites del humor. Como dice @countblisset, ni lo más sagrado debería estar a salvo. Pero creo que hay una parte importante que se le ha olvidado a Arévalo y a todos los que como él, se quejan del correctismo político. Un chiste puede ser todo lo ofensivo que quieras, pero para que sea considerado como tal, tiene que hacer gracia.

Y hoy en día, en la España que habitamos, por suerte, los chistes de Arévalo no harían gracia ni a una hiena puesta de óxido nitroso.

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