Chistes con solera

A lo mejor os puede sonar increíble, pero lo cierto es que seguimos riéndonos prácticamente de las mismas cosas que nuestros antepasados.

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Chistes con solera

Un hombre fue a visitar a un amigo muy, muy enfermo. Cuando llegó, la mujer le dijo “se ha ido”, a lo que el hombre respondió “Y cuando vuelva, ¿le podrías decir que he pasado por aquí?”

Hoy vengo a hablaros del humor, y de cómo éste —quitando discusiones sobre límites del humor en general— ha cambiado más bien poco a lo largo de los años. ¿Qué tal os parece el chiste de arriba? Os ha arrancado una sonrisa cuanto menos, ¿verdad que sí?

Es uno de los chascarrillos contenidos en la recopilación conocida como Philogelos o El amante de la risa, una colección de más de doscientos chistes recopilados en torno al siglo IV después de Cristo.

Sí, os acabáis de partir el ojete con un chiste con más de mil quinientos años de antigüedad.

Mientras que el Philogelos es el libro de chistes más antiguo que se conserva, se sabe que ya se habían escrito otros antes. Plauto, por ejemplo, hizo que un par de sus personajes se refirieran a compilaciones de este tipo a principios del siglo II a.C.

Curiosamente, había tan pocos chistes referidos directamente a mujeres que estudiosos del tema como Rapp o Baldwin consideran la existencia de una sola categoría de chistes sobre las mismas, a la que llamaron “Mujeres cachondas”.

Os incluyo aquí una pequeña selección de los mismos, sin alteración de ningún tipo en la traducción, para que os riáis con algo de humor clásico.

Chistes de intelectuales

Aunque la traducción literal sea intelectual, es mi opinión que estos chistes se refieren al típico cuñao, lo que convierte a los susodichos en plaga de la humanidad desde hace tiempos inmemoriales.

  • Un intelectual, al caer enfermo, le prometió a su doctor que le pagaría si se recuperase. La mujer, al verle beber alcohol, le regañó por emborracharse estando con fiebre. El marido le respondió “¿Qué quieres, que me cure y tenga que pagarle al médico?”
  • Un intelectual, al visitar su casa de campo, vio un pozo muy profundo y preguntó si el agua era buena. Uno de los granjeros le dijo que sí, y que sus propios padres solían beber del mismo pozo, a lo que el listillo respondió “Pues sí que tenían el cuello largo, para poder beber de ahí dentro”.
  • Un intelectual fue a visitar a los padres de un compañero de clase que había muerto. El padre gritaba “Ay, hijo mío, ¡me has dejado cojo!”. La madre gritaba “Ay, mi niño, ¡te has llevado la luz de mis ojos!”. El intelectual dijo “Si todo eso ha hecho, deberíais haberlo incinerado vivo.”

Chistes de abderitas

Los sudamericanos utilizan a los gallegos. Los ingleses, a los de Essex. En Alemania, a los de Schilda. En España tenemos a los leperos. Y demostrando, una vez más, que el humor humano no cambia en absoluto, los griegos tenían a los habitantes de Abdera.

  • Un abderita vio a un eunuco hablar con una mujer, y le preguntó que si era su esposa. Le respondió que los eunucos no podían tener esposa, y le preguntó “Entonces, ¿es tu hija?”
  • Un abderita incineró el cadáver de su padre como era costumbre, corrió a casa y le dijo a la doliente madre “Aún queda leña. Si quieres dejar de sufrir, quémate tú misma.”

Chistes de mujeres cachondas

Estas mujeres, siempre siempre siempre pensando en sexo.

  • Un muchacho le dijo a su mujer “¿Qué hacemos, cariño? ¿Follamos o comemos?” y ella respondió “Tú eliges, pero no nos queda ni pan en casa”.
  • Un joven invitó a su casa a unas maduras juguetonas, y le dijo a sus sirvientes “Dadle de beber a la que quiera, y tened sexo con la otra”, y las dos mujeres dijeron al unísono “Pues yo no tengo sed”

Chistes de misóginos

Sí, los chistes sobre misóginos y machistas no son nada nada nada nuevo. Aquí está la muestra de que los varones cis-het llevan siglos oprimiendo la sociedad.

  • Un machista se puso en el mercado y gritó “¡Vendo a mi mujer, libre de impuestos!”. Le preguntaron por qué, y dijo “A ver si así Hacienda la requisa”.
  • Un machista fue al funeral de su mujer, y cuando le preguntaron que quién se había ido a descansar dijo “Yo, que por fin estoy solo”.
  • Un machista se puso enfermo, y su mujer le dijo “Si mueres, me suicidaré.” Él la miró y dijo: “Anda, hazme el favor mientras todavía siga vivo.”

Si hay algo claro en todo esto es que, con todos los siglos de evolución social, científica y artística que llevamos a nuestras espaldas, nos seguimos riendo con la misma mierda de siempre.

Ahora mi duda es… ¿cómo de antigua es la discusión sobre los límites del humor?

En el próximo artículo me ocuparé de las magníficas pintadas de Pompeya, porque allí hubo más que ceniza volcánica. Mucho más.

Foto de 422694 en Pixabay

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