Creo que a estas alturas de la película no sorprenderé a nadie si afirmo que la publicidad es machista, sexista y misógina. Hay miles de ejemplos, cientos de recopilaciones y decenas de estudios que lo aseveran y lo demuestran. Pero si queréis ver un ejemplo moderno y fácil de comparar, sólo tenemos que hablar de Paco Rabanne y sus nuevas fragancias.

Invictus, colonia para hombre

El anuncio se desarrolla en un estadio deportivo. Por una de las salidas al terreno del juego aparece un hombre semidesnudo. Este señor es masculino, insultantemente masculino. Tiene los músculos marcados, un mentón con el que partir nueces a golpe de barbilla y la media sonrisa del que se sabe buenorro. Lo iluminan los flashes de un grupo de paparazzi y su reacción es la estándar: saca pecho, abre los brazos en postura desafiante y se deja querer por los objetivos, mostrando todas sus horas de entrenamiento.

Nuestro Héroe Engreído se ha cansado de las cámaras y se abre camino a través de la masa de fotógrafos, mirándolos con desprecio, como si fueran insectos indignos de su atención. Tras andar entre dos ninfas con lanzas levantadas a su paso, levanta los brazos en postura triunfal y se encienden los focos del estadio, alumbrándolo a él y a sus cojones morenos.

De repente, aparece la competencia. Unas estatuas —también masculinas— corren hacia él, supongo que con la intención de hacerle un placaje o de arrancarle la cabeza por ser un jodido creído insufrible. Pero ¡no pasa nada! Nuestro Héroe Engreído levanta los brazos de nuevo como quien invoca una genkidama ¡y las estatuas quedan reducidas a escombros!

Una diosa —sabemos que es diosa porque es monocroma, enorme y está sentada entre nubes— señala a nuestro héroe mientras agarra su trofeo. Que digo yo, matando a todos mis contrincantes también gano yo hasta haciendo una maratón, pero bueno, a una diosa no se le discute. Otros dioses golpean el suelo con sus bastones, sus báculos y sus armas, levantando chispas al paso del ganador.

Y cómo no, en su vuelta a vestuarios se encuentra con un puñado de vírgenes vestales envueltas en túnicas que lo miran así como con deseo y con hambre.

Olympéa, una fragancia femenina

Esta vez pasamos del estadio al Monte Olimpo, la tradicional residencia de los dioses griegos. La cámara nos muestra el decadente ambiente del hogar divino, con un puñado de dioses y semidioses haciendo el vago, tirados por el suelo sin dar ni un palo al agua.

De repente, junto a un Zeus que por una vez mantiene la polla dentro de la ropa interior, aparece un cochazo deportivo que frena en seco. Cambia la cámara, y vemos a Olympia por primera vez. Olympia va con el pecho cubierto pero sólo lo justo. Zeus nos libre de mostrar un pezón femenino en horario protegido, que se lía gorda. El coche, quizás en alusión a Leda, tiene alas de cisne en vez de puertas. ¡Ahora sabemos por qué Zeus miraba el coche con tanta atención!

Olympia no está sola, porque las mujeres no van solas a ningún sitio, que eso es cosa de hombres. Va con dos amigas que también van de blanco, aunque con ropa bastante más conservadora y sin oro ni tetas a la vista. Conforme bajan la enorme escalera, todas las estatuas masculinas despiertan y giran la cabeza para admirar a la recién llegada. ¡Qué coño, Olympia da unas palmadas para llamar la atención de todos los presentes y la consigue!

Nadie, nadie es inmune a su belleza. Todos, grandes y pequeños, gigantes y humanos, se quedan mirando y babeando a su paso. Incluso Héroe Engreído, el protagonista del anterior anuncio, se recoloca en su trono para verla pasar, de nuevo mostrando cuerpo esculpido a ver si pilla algo ¡y las ninfas que lo atienden, de puros celos, dejan caer la vajilla!

Acabamos el vídeo con Olympia entrando en una piscina y mirando seductoramente hacia atrás. No se sabe si hacia la cámara o hacia Héroe Creído.

Los roles de género, hasta en la sopa

Mirad el primer anuncio con atención. Nos muestra a un hombre fuerte, poderoso, individualista e independiente. No necesita a nadie: con un sólo movimiento de bíceps destruye a sus rivales. Las cámaras le adoran, y no es hasta el final cuando consigue su trofeo como recompensa a su hombría. Y no hablo de la copa, no.

Ahora hablemos del segundo. Aunque el anuncio está dirigido a mujeres —es un perfume femenino, a fin de cuentas— no muestra a la chica como un personaje independiente, poderoso y fuerte. ¡En absoluto! Su único valor reside en que todos, dioses y mortales, piensan que está buena. ¡Está tan buena que es capaz de provocar celos a mujeres sobrenaturales! Por Zeus todopoderoso, ¡está tan buena que es capaz de atraer al hombre hipermasculino e independiente del primer anuncio!

¿Veis la diferencia tan clara como yo la veo? ¿El hombre como ente independiente que no necesita de nadie y la mujer como objeto de deseo del hombre? ¿No es vergonzoso que a día de hoy, en pleno siglo XXI, se sigan perpetuando estos roles de género ya obsoletos?

Soy una persona muy concienciada con la necesidad de pagar a los autores y creadores, pero si por un casual os veis incapaces de resistiros a cualquiera de las dos fragancias, hacedme el inmenso favor de recurrir a las versiones de imitación vendidas por algunos establecimientos de perfumería. No sólo os saldrá más barato: estaréis contribuyendo a que los publicistas dejen de vendernos su sexismo a precio de tinta de impresora.

2 Comentarios

  1. Un detalle importante: ella no es ni la protagonista de su propio anuncio. Héroe Engreído hace un cameo para robarle parte de su protagonismo (cosa que no pasa en el anuncio de él, que hubiera sido al menos un guiño simétrico “gracioso”).

    ¿Y la escena final? También comparativamente es bastante horrenda. Él recibe el harén de vírgenes para follar como un león hasta que la viagra le aguante, y ella un par de efebos timoratos que se cubren con casta vergüenza. ¡Apolo nos libre de pensar que ella va a follar con dos tipos!

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