Desde que la humanidad bajó del árbol y decidió que era buena idea ponerse a dos patas en vez de cuatro, y desde que al rico latifundista se le ocurriera obligar al pobre a habitar en los lugares más inundables del terruño, hemos sufrido inundaciones de todo tipo y gravedad. Hoy, sin embargo, os vengo a hablar de tres inundaciones muy, muy especiales.

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Foto original de Rau Santaella (yo)

¡Una cañita, por favor!

El día 17 de octubre de 1814 apareció un tsunami alcohólico de cinco metros de altura. Compuesta de casi millón y medio de litros de cerveza que provenía de la cervecera Mieux and Company, la ola arrasó las calles de Tottenham Court dejando un tremebundo rastro de destrucción espumosa a su paso.

La inundación fue causada por un barril roto el cual, gracias al efecto dominó, tumbó otros barriles y provocando la que fue la ola de más graduación de la historia.

La ola se llevó por delante dos viviendas y siete almas, cinco de las cuales estaban velando a un chaval que había muerto la noche anterior.

Y sí, los rumores abundan, pero no quedó constancia de que nadie aprovechara el bebercio gratuito. ¡Ni siquiera se registraron muertes por coma etílico!

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Foto original de Rau Santaella (yo)

Whisky, whisky on the rocks

¿Recuerdas cuando mencioné que la anterior había sido la ola de más graduación de la historia? Mentí como una bellaca.

Esta inundación ocurrió en la ciudad escocesa de Glasgow. Todo empezó en una destilería de la calle Muirhead, en el distrito de Gorbals, el 21 de noviembre de 1906. Una de las inmensas barricas de maduración explotó, provocando una ola de casi doscientos mil litros de whisky hirviendo. De nuevo apareció nuestro amigo el efecto dominó y provocó la rotura de dos barriles más, que contenían casi cuatrocientos mil litros de malta en fermentación.

Imagina la bucólica escena de principios del siglo XX. En la puerta de la destilería había un grupo de granjeros con sus carros, esperando a recoger los restos del fermentado con los que alimentarían a sus reses, como si fuera un día normal. De repente, un aluvión de whisky revienta las puertas y choca contra ellos con furia, empujando a hombres y caballos a lo largo y ancho de la calle, dejándolos atrapados hasta la cintura en una mezcla de alcohol y restos de fermentado que tenía la consistencia del pegamento.

En esta ocasión sólo hubo que lamentar la muerte de una persona, uno de los ayudantes de los campesinos. Las heridas internas fueron de tal calibre que murió al poco de entrar en la enfermería.

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Y una manera muy dulce de morir

El 15 de enero de 1999 ocurrió en Boston uno de los desastres más extraños de la historia de los Estados Unidos de América. Un silo de almacenamiento de melaza explotó, soltando más de siete millones de litros de muerte pegajosa. La ola resultante, de cinco metros de alto y más de cincuenta de ancho, arrasó la parte norte de la ciudad a una velocidad de 60km/h destruyendo todo lo que tocaba.

La ola destrozó vigas de acero del Tren elevado de Boston, casi se lleva un tren por delante, derribó casas y tumbó postes eléctricos, cuyos hilos chisporroteaban al entrar en contacto con la inundación parduzca. Las tuercas del silo ametrallaron el barrio como si fueran balas, y según el Boston Globe hubo muchas víctimas arrastradas por la fuerza de la ola.

Cuando todo terminó, había 21 muertos, 150 heridos y más de 100 millones de dólares de daño. Y todo a causa de la melaza.

Como has podido ver, no todas las inundaciones son provocadas por agua, aunque éstas sean las más dañinas y espectaculares. ¿Conoces algún caso más como éste? ¿Tienes alguna que me haya saltado? ¡Colabora en los comentarios!

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