La cristofobia ¿existe en España?

¿Existe la cristofobia en España? ¿Son los católicos la nueva minoría perseguida y oprimida de manera sistemática por la nueva sociedad?

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En estos últimos meses he oído un término nuevo, con el cual no sé si reír o llorar. Lo llaman cristofobia o catolicofobia, y el hecho de que el término exista ya sobrepasa el umbral de lo ridículo.

Al parecer, ciertas personas católicas se sienten víctimas de acoso. Dicen que en esta nueva sociedad construida a partes iguales por el Feminazismo y el Imperio LGBT los seguidores de la Santa Biblia según el Vaticano sufren discriminación. ¡Qué digo, discriminación! ¡Sufren ataques! ¡Se les ataca por su creencia en el matrimonio de hombre y mujer, su postura frente al aborto o incluso su visión sobre los derechos de la mujer!

Tenéis suerte de que esto no sea un podcast o un vídeo, ya que no podría decirlo en voz alta sin partirme de risa durante media hora.

La realidad de la Cristofobia en España

Estamos en un país donde, de forma rutinaria, aparecen noticias poco halagüeñas de la Santa Madre Iglesia. Un país de pandereta, que por mucha noticia negativa que salga a la luz, sigue sin retirarle ningún tipo de privilegios a la santa secta vaticana.

Hay noticias para todos los gustos. Tenemos monjas que robaron niños y monjas que robaron el voto de personas mayores que ni siquiera eran conscientes de dónde estaban. Nos sobran sacerdotes que violan chavales, sintiéndose seguros gracias a la protección de las altas esferas eclesiásticas. Hay obispos que tienen a bien derramar por su boca diarrea verbal en contra de las mujeres, como quien se está tomando un carajillo en la taberna del barrio con los amigotes.

El Papa Francisco aparentaba ser moderado, pero de repente afirma que la ideología de género y las personas transexuales somos peores que una bomba atómica para la sociedad.

En Sevilla, la ciudad donde tengo el placer de vivir, hasta el director de la sección cofrade del periódico más rancio opina que hay demasiadas procesiones religiosas invadiendo el espacio público.

Y con esta información al alcance de cualquiera —me han bastado unos minutos en Google—, sin ser capaces siquiera de condenar lo que ocurre dentro de sus filas, aún tienen el valor de afirmar que sufren cristofobia.

Una bofetada a los que están oprimidos de verdad

Sin embargo, hay que darle al César lo que es del César: sí que existe una opresión hacia el colectivo católico. No es necesario retraerse a tiempos de los romanos para recordar a los cristianos devorados por los leones. Hoy día existen países —que no son España—donde el ser cristiano está penado con la cárcel, la tortura, el exilio o incluso la muerte.

Y aunque a mi parecer no existe expresión más ofensiva que problemas del primer mundo, no se me ocurre otra forma de describir esto. Hay señores y señoras que afirman sentirse oprimidos en un lugar donde su religión es la más respetada, la más oída, la más aceptada. ¡Señores que son capaces de comparar el que se quiten los crucifijos de los colegios públicos con el que algunas chicas decidan llevar hijab!

¿No les parece vergonzoso decir que sufren acoso? ¿Hoy? ¿En España?

Cuando vea a un cristiano recibir acosos, insultos o pedradas en la calle por el simple hecho de llevar una cruz colgada al cuello, diré que existe la cristofobia. Cuando vea que en mi país se encarcela, asesina o apaliza a un católico por sus crencias, reconoceré que somos un puñado de cristófobos.

Lo reconoceré y seré la primera que apoye y defienda sus creencias, sus vidas y su derecho a manifestar su religión y su fe en público, sin miedo.

Hasta que ese día llegue, que no me vengan con cuentos, por favor.

La imagen utilizada proviene de Dogma, un peliculón muy recomendable de Kevin Smith. Hacedme caso y vedla al menos una vez.

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