Ni dos semanas. No han pasado ni dos semanas desde el día en que conocí a Laura, la mujer de mis sueños, la diosa de mis pesadillas. Cuando tuve la suerte de posar mis ojos sobre ella por primera vez, mi corazón empezó a dar tumbos de manera incontrolable.

Laura, tan hermosa, tan grandiosa, tan diferente ella al resto de mujeres de mi vida.

Sabes, no estoy del todo seguro del porqué, pero incluso conociéndola de tan poco tiempo creo que podría estar a su lado durante el resto de mi vida. Adorándola. Mimándola. Llevando a cabo todos sus deseos, nimios o trascendentales.

Si la vieras con tus propios ojos, pensarías igual que yo. Quizás quieras pensar que todas las mujeres son iguales, que ninguna vale la pena, pero te lo aseguro con el alma en vilo. Laura no es como las demás mujeres. Laura no te dejaría indiferente. Laura te volvería loco con sólo dirigirte la palabra, tal y como me enloqueció a mí.

Laura. Tan hermosa. Tan grandiosa. Tan diferente.

Y aquí me encuentro, delante de ella, arrodillado con una rosa roja como la sangre en mi mano, declarando mi amor y mi adoración eternos. Aquí estoy, ofreciéndole mi corazón, mi alma, mi vida, mis sueños, mi fortuna, mi todo.

Y mientras le digo de rodillas, “nunca pensé en conocer a una mujer como tú, tan diferente al resto”, ella mira desde las alturas, con su precioso rostro enmarcado por las serpientes ígneas que forman su cabellera. Y Laura extiende sus alas de sombra solidificada, acaricia mi cara con sus tentáculosy responde, con una voz profunda como la oscuridad de la cripta… “LO SÉ”

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