Lo siento, amigas y herederas de Salem. Hoy no voy a hablar de complementos brujeriles, sino de algo llamado cabezología.

Esk empezó a ver qué forma iba a tener la respuesta y no le gustaba mucho. Se parecía a otras respuestas de Yaya. Sólo un juego de palabras. Decía cosas que ya sabías, pero de una forma diferente para que parecieran importantes.

‘Creo que sé el secreto’, dijo al final
‘Dilo, entonces’
‘Va en dos partes’
‘¿Sí?
‘Es el sombrero de una bruja porque lo llevas tú. Pero eres una bruja porque llevas el sombrero. Ehm’.
‘Entonces…’ dijo Yaya
‘Entonces cuando la gente te ve llegar con el sombrero y la capa saben que eres una bruja y por eso funciona tu magia’, dijo Esk.
‘Así es’, asintió Yaya. ‘Se llama cabezología.’

Este fragmento viene del tercer libro de la saga de Mundodisco de Terry Pratchett, Ritos iguales (del inglés Equal rites, que fonéticamente se puede leer como Ritos iguales y Derechos Iguales, y es un concepto que se me ha quedado grabado en la cabecita desde la primera vez que lo vi.

Porque… ¿qué profesión no tiene su sombrero de bruja?

Los diseñadores gráficos

Puede que seas muy bueno. Puede que tengas un enorme portfolio, lleno de diseños novedosos, repleto de imágenes mesmerizantes. Sin embargo, en ciertos círculos semiprofesionales, sin un Mac no eres un diseñador.

Esta mujer es diseñadora porque está manejando un mac y hay muchas imágenes en la pantalla. Está claro.

Sí, sé que Windows y Linux han mejorado mucho en los últimos años, y que cualquier ordenador puede manejar Illustrator o Photoshop sin ningún tipo de problemas. Pero aún hay clientes que cuando te ven aparecer con un Mac en vez de con un HP o un Vaio se impresionan muy gratamente. Y todos sabemos que la primera impresión es lo que cuenta.

Obviamente, este sombrero —como casi todos— no es válido cuando tratas con profesionales que conocen el campo. Pero por suerte o desgracia, la mayoría de los clientes con los que lidiamos no diferencian una tipografía de otra.

Este sombrero en particular, sin embargo, sólo funciona en países donde los Macs son algo minoritario, como en España.

Los fotógrafos

Todos sabemos que los móviles han mejorado de manera impresionante en cuanto a posibilidades fotográficas se refiere. Desde los chorrocientos megapíxels hasta la posibilidad de emular profundidades de campo o la genialidad de introducir dos cámaras en el mismo móvil para diferentes tipos de fotos, los teléfonos se aproximan de forma lenta pero inexorable a las capacidades fotográficas de las cámaras DSLR de gama baja/media.

La cámara es hipnótica: todos obedecen tus órdenes cuando la manejas.

Sin embargo, por mucho que mejoren, si te presentas en un photoshoot con un iPhone 7 en vez de con tu vieja Nikon, no te va a tomar en serio ni el apuntador.

Y que conste que se pueden hacer auténticas maravillas a nivel fotográfico: a fin de cuentas la fotografía viene de la mano y el ojo del que la hace, no del dispositivo.

Sin embargo, la primera impresión está ahí. Cualquiera tiene un móvil, pero pocos tienen una DSLr y transmiten la confianza adecuada al usarla.

Los cámaras

En el campo de los cámaras nos encontramos con un caso muy, muy curioso, presenciado por mí en persona. Cierto cámara contratado por un amigo para grabar un vídeo en unas instalaciones, se quejó de que el cliente decía pestes de su imagen y la cámara con la que se había presentado en la empresa.

Dicha cámara era una Black Magic Pocket Cinema. Una cámara de altísimas prestaciones, con capacidades que dejarían en ridículo a la mayoría de cámaras de mayor tamaño, y que sale por la friolera de 1116€. El problema es que dicha cámara mide doce centímetros de largo y no llega al medio kilo de peso. Es decir, por mucha calidad de imagen que tenga, parece una cámara de juguete.

La cámara es maravillosa, pero los clientes nunca entienden de cámaras. Ni de diseño. ¡Zapatero a tus zapatos!

Sin embargo, te presentas en una grabación con la Panasonic HC-MDH2, una cámara regularcita —para los estándares actuales— y como es un trasto que tienes que cargar en el hombro, de forma automática eres un profesional aunque no sepas ni a donde apuntar.

Resumiendo

Un sombrero de bruja es aquello que te permite establecer tu status como profesional a primera vista. Aquello que, de un simple vistazo, te cataloga como diseñador, cámara, fotógrafo, escritor o médico.

¿Hay un sombrero de bruja en tu profesión? ¿Cuál es? ¡Compártelo conmigo e iré actualizando el artículo!

La imagen principal del artículo es la portada francesa de Un sombrero de cielo, de Terry Pratchett. Las otras van enlazadas a las páginas de sus autores. ¡Siempre hay que asignar autoría!

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