Si en mi última entrada os hablé de cómo los griegos se reían prácticamente con lo mismo que nosotros, ahora me gustaría hablaros de cómo las ganas de dejar una marca personal para la posteridad siguen siendo las mismas que hace varios siglos.

Ah, Pompeya. Una ciudad próspera, rica, con toda la infraestructura a la que un gran asentamiento humano de la época podía aspirar. Una ciudad que, hasta ser cubierta por las cenizas del Vesubio, tenía más de once mil habitantes, los cuales disponían de puerto, gymnasium y anfiteatro. Una ciudad, que como tantas otras, estaba cubierta de graffitis.

Muchos de esas graffitis permanecen tan bien preservados como el resto de la ciudad, y nos ofrecen una visión bastante curiosa sobre la cultura y la sociedad de la época. Y lo que es más, nos hacen ver lo poco que hemos evolucionado desde entonces.

Romani ite domum
Esto no son graffitis reales de la época, pero si aún no habéis visto la Vida de Brian, ¡no sé a qué estáis esperando!

En Pompeiana los estudiosos Eric Poehler, Kevin Cole y Steven Ellis se han esforzado para recopilar algunos de los mejores ejemplos de dichas pintadas. Lo que aquí os escribo sólo es una pequeña muestra de lo que podéis encontrar en…

Los graffitis de Pompeya

Llorad, chicas. Mi polla os abandona. Ahora sólo penetra traseros de hombre. ¡Adiós, feminidad maravillosa!

Este hombre tuvo a bien avisar a las pobres chicas todo lo que se iban a perder, en el burdel de Innulus y Papilio.

Defecador, que todo salga bien para que puedas dejar este sitio

Justo al lado de la puerta de Vesubio. No sé si habría un baño público, pero es un buen buen deseo.

Oh, muros, habéis soportado tantas pintadas que me maravillo de que aún sigáis en pie

En la basílica, una ironía sólo digna del que puso “Prohibido poner carteles” con un cartel.

Me he follado a la camarera

Estos jóvenes y sus tuits. Ah, no, se encontró en la puerta de la taberna de Athictus.

Antiochus estuvo aquí con su novia Cithera

¡Ay! ¡Que lo de dejar “El Toni y la Vane estuvieron aquí” no es nuevo! ¡Menuda plaga!

He enculado hombres

En la casa de Orpheus. Me suena a la pintada “Busco sexo con hombres” que vi en la puerta del baño de un bar gay.

A Secundus le gusta follarse niños

¿Sería sacerdote, el tal Secundus? ¿O cerdote sin más?

Sollemnes, ¡follas bien!

Te hemos pillado, Sollemnes. Reconocemos tu letra.

El que encula un fuego, se quema la polla

¿Será este el equivalente romano de don’t stick your dick in crazy?

Secundus cagó aquí

Gracias por la información, Secundus. Cada vez me caes peor.

Sarra, no estás siendo precisamente amable, dejándome solo

Lo dicho. La pasivo-agresividad tampoco es nada nuevo.

Resumiendo

El ser humano siempre se ha caracterizado por la necesidad de dejar una marca, algo que demuestre su paso por el mundo: un libro, un hijo, una casa, o por qué no, una pintada. ¿No os preguntáis como serían los autores de estos graffittis? ¿Qué vida llevaban? ¿Qué historias o anécdotas les hicieron escribir estos mensajes?

Quizás un día os hable de las pintadas que adornan la Catedral de Sevilla, porque creedme que resultan interesantes. Y eso quedándonos sólo en las paredes del templo… en los alrededores te puedes encontrar cosas incluso más sorprendentes.

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