¿Estamos definidos por nuestra sexualidad?

¿Nos podemos definir por quien nos gusta compartir la cama? ¿Debemos?

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Hace unos días encontré a través de Reddit una columna de opinión que pedía a toda la comunidad gay dejar de usar la expresión “soy gay, pero eso no me define”.

El artículo fue publicado bajo el título “Odio los artículos que le dicen a un grupo lo que deben dejar de decir o hacer”, y algunos comentarios estaban enviados desde lo que podríamos llamar privilegio o incluso los mundos de Yupi.

Soy mucho más complejo que “gay”. Estoy cansado de las políticas de identidad. Es intolerante e hipócrita.

Los humanos son maravillosamente complejos, profundos, con múltiples capas y facetas. ¿Por qué describir un preciado tapiz utilizando solo un hilo?

No soy la persona que se define por su sexualidad. Eso es aburrido e ignora todo el resto de mí.

A nivel personal opino que si crees esto, la realidad te va a dar un golpe bastante gordo de aquí a poco tiempo.

Ante todo somos maricas, por mucho que nos joda.

Yo no me defino por mi sexualidad, por mi identidad de género ni por mis gustos a la hora de asaltar la cama en compañía. Eso sería estúpido. Soy mucho más que eso, ¿verdad?

Pero a día de hoy —y tengo ya 34 años— nadie me ha dicho por la calle “mira el fotógrafo ese…” con desprecio. Nunca he escuchado un “putos traductores, están por todos lados”. Que yo sepa, todavía no se ha cometido ninguna agresión callejera al grito de “¡vamos a por el diseñador web!”.

Somos personas complejas y no podemos definirnos por nuestra sexualidad, sí, pero tampoco está en nuestras manos evitar que otros lo hagan. Cuando paseas por la calle con tu pareja de la mano, aún te llamarán maricón, bollera, travelo o palabras peores. Escucharás el “eres bollera porque aún no te has comido una buena polla” y el “¡cuidao, culo a la pared!”.

¿Por qué si no crees que no se debe de sacar del armario a nadie?

No hace ni dos semanas desde que un individuo llamado Nico Hines sacara del armario a unos atletas asistentes a los Juegos Olímpicos de Brasil, sin siquiera tener en cuenta la posibilidad de que ser gay en sus países de origen fuera ilegal.

Da igual lo que consigas, da igual quien seas o qué demonios hayas hecho en tu vida, vas a ser un maricón. Da igual que seas un poeta consagrado, un genio matemático y criptógrafo o el deportista que va a traer cinco medallas de oro colgadas del cuello.

En un mundo donde salir del armario puede ser la diferencia entre la vida y la muerte, el respeto y el ostracismo, el cariño y el odio de tu familia o la seguridad y los asaltos homofóbicos, afirmar que tu sexualidad no te define me parece ya no una estupidez, sino una falta de respeto a tantas y tantas víctimas como ha habido.

En mi camino hacia aquí…

Hace unos días alguien —ehem— envió “Al final, sí era mi amigo” al sub LGBT de Menéame. Hoy he visto que había un triste y solitario comentario.

No entiendo por qué el ser homosexual significa ser ordinario, mal hablado o querer mostrar la “realidad” de una manera desagradable. Creo que no es necesario.

Esta persona ha decidido, de forma tajante, que si soy ordinario, mal hablado o que me guste mostrar la realidad de manera desagradable es porque soy gay.

No por las influencias de Faemino y Cansado, George Carlin, Bill Hicks y mil humoristas más a los que admiro y que usan palabras ordinarias para hacer llegar su mensaje. No, hombre. Escribo así porque soy maricón.

En resumen

No creo que sea lo más adecuado para nadie, sea del género y sexualidad que sea, definirse por con quién prefiere compartir la cama.

Por hoy, sin embargo, la única manera de conseguir que los demás no nos definan por esa nimiedad es metiéndonos dentro del armario de nuevo. Y creo firmemente que eso no es una opción que se pueda siquiera considerar.

Preciosa foto de Timothy Wells. Nótese que, pese a estar en El Castro, el barrio gay por excelencia de San Francisco, la ciudad gay por excelencia, sigue habiendo gente mirando ‘raro‘.

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