Pequeños hombres libres, un libro de Terry Pratchett

Uno cree que un “libro para jóvenes” estará escrito con menos inteligencia, pero Pratchett creía que para enseñar a un niño hay que poner algo fuera de su alcance y pedirles que lo cojan.

Cuando empiezas una nueva saga de libros, por lo normal esperas que el segundo libro sea mejor que el primero, y así. Tiene su sentido, ya que el escritor mejorará conforme vaya escribiendo más y más páginas.

Por suerte, la vida no siempre es tan cuadriculada. Hay autores, como el difunto Terry Pratchett, que se las apañan para romper el molde. Y esto es lo que pasó cuando escribió Pequeños Hombres Libres, el primero de una de las mejores sagas inmersas en nuestro muy querido Mundodisco.

Quizás tengas un trozo de carbón sin emoción ni placer en lugar de corazón, en cuyo caso te recomendaría que pararas aquí. Sin embargo, si quieres que te convenza de leer una de las mejores novelas del género, sigue leyendo.

En Pequeños hombres libres comienza el viaje de Tiffany Dolorido, una niña de nueve años con una inteligencia y cinismo propios de una abuela de noventa, sólo comparable en términos literarios con Samuel Vimes, otra creación de Pratchett.

Terry Pratchett
Terry Pratchett

Esto que tienes son La Primera Vista y los Segundos Pensamientos, y son un pequeño don y una gran maldición para ti. Puedes ver lo que otros no ven, el mundo te abrirá sus secretos, pero siempre serás como la persona en la fiesta que acuna su bebida en una esquina. Hay un poquiño de ti que no fluirá ni se derretirá. Está claro que eres de la sangre de Sara Dolorido.

La historia de Tiffany es brillante. Normalmente diría que “mejora conforme avanzan los libros”, pero Pratchett dio en el clavo desde el principio. Con una sartén como arma, el legado de su abuela y los Nac Mac Feegle de su lado, Tiffany se introduce en el mundo de la Reina y lucha contra sueños, soñadores y bestias soñadas para recuperar a su pegajoso hermano.

Pratchett escribe el personaje de Tiffany de tal manera que te hace preguntarte si él mismo no fue una niña de nueve años en una vida anterior. Es arrogante, está perdida y es orgullosa, pero no deja que nada se interponga en su camino para recuperar lo que es suyo.

El mundo de las hadas es destrozado trocito a trocito en este libro, siempre inteligente, divertido y ocurrente. Pero aunque la prensa se enfoque sobre todo en la sorprendente habilidad de Pratchett para satirizar nuestro mundo, Pequeños Hombres Libres, la saga de Tiffany Dolorido y el Mundodisco en general van mucho más allá. Hay tanta humanidad y sentimiento escondidos entre las líneas de este libro que no podrás evitar sentirte otra vez niño.

Y Tiffany se sentó al lado de la estrecha cama, y pensó sobre la Abuela Dolorido, y sobre la pequeña Sara Grizzel pintando con cuidado las flores en su libro, y sobre cómo el mundo perdía su silencio. Echaba de menos el silencio. Lo que había ahora no era la misma clase de silencio que la de antes. El silencio de la Abuela era cálido y te acogía. La Abuela Dolorido a veces tenía problemas para recordar la diferencia entre niños y ovejas, pero en su silencio te sentías bienvenida y en tu sitio. Lo único que tenías que hacer era traer un silencio propio.

Uno espera que un “libro para jóvenes” esté escrito con menos inteligencia, menos concienzudamente, pero Pratchett creía que para enseñar a un niño hay que poner algo fuera de su alcance y pedirles que lo cojan. Este libro va más allá de ser un tomo para niños de doce años, y te hace pensar, sentir, reír y llorar ya tengas doce, veinte o cincuenta.

Si nunca has tocado el Mundodisco antes, aquí debes empezar. Pedirás más de Tiffany, y cuando te hayas leído la saga completa tendrás todo un botín de libros del Mundodisco al que volver, escritos con la misma habilidad, el mismo cariño y capaces de ofrecerte el mismo placer de lectura.

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